Dicen que uno es lo que come. Que yo sepa, TODAVÍA, no soy un cuarto de libra. Ni soy un panchito (aunque me vendría bien que se me fueran cayendo papitas pay para no perderme por la calle). No soy pizza porque no chorreo quesito caliente, ni soy los ravioles del domingo. No soy asado, no soy empanadas, no soy milanesas (menos mal, me hubiese auto-comido hace tiempo).
Para mí, uno es lo que dice. Los ideales que defiende. Lo que piensa. Lo que hace, y lo que deja de hacer. Uno es, algunas veces, lo que quiere, y otras, lo que puede. Es lo que anhela, lo que sueña. Es los tres deseos que pediría si existieran los genios. Es lo que espera del mundo. Y lo que quiere dejarle. Es sus afectos. Es su historia. Es la historia que quiere construir. Es las esperanzas que tiene. Es las sonrisas regaladas, y las lágrimas lloradas. Es los pasos que dio y los que piensa dar. Uno es... uno. Uno mismo. Que jamás, nadie, podrá reemplazar o imitar. Ni limitar.
Dime qué piensas...
y te diré quién eres...
martes, 9 de septiembre de 2014
martes, 24 de junio de 2014
Esther
Anoche soñé con mi abuela. Soñé que estaba en la casa de mis abuelos, en una especie de fiesta, no sé bien si era un cumpleaños, una celebración o qué. Estaban los amigos de mis abuelos, amigos míos, y un montón de gente desconocida que, en el sueño, me resultaba conocida. Ahí, en el living de esa casa, pasaba todo. Yo tenía que hacer una funda para un sillón, que alguien me había pedido. No sabía cómo hacerla y todo lo que intentaba, me salía mal. En eso la "cámara" se da vuelta y enfoca a mi abuela. Mi abuela me retaba y me decía que cómo estaba haciendo las cosas así, cuando de otra manera, resultaban tan sencillas. Yo la miraba extrañada. No entendía qué hacía ella ahí. Cómo podía estar delante mío, si había fallecido hace casi 8 años atrás. Me podía hablar, y le podía hablar, como si nunca hubiese pasado nada. Nadie parecía extrañado con que mi abuela estuviese presente. Yo seguía sin entender cómo era que estaba parada frente a mí. No sé cómo, porque nadie me lo dijo, supe que mi abuela todo este tiempo había estado de viaje, como en otra dimensión. Nunca había estado enferma. Nunca había perdido su pelo ni usado peluca. Sólo se había ausentado, nada más. A nadie le extrañaba, a nadie más que a mí. Pero tampoco me animaba a preguntar. No entendía cómo mi abuelo había estado tantos años sin ella, cuando estar juntos era una opción. Ni cómo nunca habíamos hablado por teléfono o contactado de alguna manera. Pero ahí estaba, mi abuela, como si nada. Y me seguía retando. Que la costura estaba chueca, que el elástico estaba mal cosido, que cuando continuara cosiendo, iba a salir todo peor.
Me desperté feliz de haberla visto, tan bien, tan tranquila, sabiendo que lo único que le importaba, era que cosiera y me salieran las cosas lo mejor posible. Ella siempre fue una hábil costurera, sin estudios, sin usar moldes, siempre usó su inteligencia, razonamiento y astucia para hacer todo lo mejor posible. No era prolija, hacía todo a los apurones, pero llegaba a los resultados, y, a la vista, era todo increíble.
Traje de lo de mi abuelo, un vestido que ella se estaba haciendo y no pudo terminar. Lo tengo guardado. Algún día cuando tenga tiempo, lo terminaré y lo usaré, recordando a mi abuela, y este sueño, donde me ayudaba a coser.
Me desperté feliz de haberla visto, tan bien, tan tranquila, sabiendo que lo único que le importaba, era que cosiera y me salieran las cosas lo mejor posible. Ella siempre fue una hábil costurera, sin estudios, sin usar moldes, siempre usó su inteligencia, razonamiento y astucia para hacer todo lo mejor posible. No era prolija, hacía todo a los apurones, pero llegaba a los resultados, y, a la vista, era todo increíble.
Traje de lo de mi abuelo, un vestido que ella se estaba haciendo y no pudo terminar. Lo tengo guardado. Algún día cuando tenga tiempo, lo terminaré y lo usaré, recordando a mi abuela, y este sueño, donde me ayudaba a coser.
miércoles, 12 de febrero de 2014
Soplaba viento del mar, ese típico de las ciudades costeras. Ella estaba sentada sola. Miraba el atardecer. Observaba cómo las gaviotas ocupaban la playa donde horas antes, las familias estaban. Miraba y pensaba. Este era sería su último verano de su viejo yo. Estaba decidida a que este año, las cosas realmente cambiarían. Ella cambiaría. No dejaría que nada se le escapara de las manos. Haría lo que siempre había querido hacer. Este año, se repetía, sería el primer año realmente feliz. Dejaría de preocuparse por pequeñeces, el mal humor y la tristeza sólo serían viejos conocidos. No iba a dejar que nada ni nadie impidiera que este fuera el año, SU año. Estaba convencida que sus sueños comenzarían a hacerse realidad, que todo saldría bien.
Siguió mirando el mar, pensando cuáles eran los pasos a dar. Por dónde empezar.
Una gaviota pasó volando por encima de ella. Sintió que algo caía en su cabeza. Pasó su mano por su pelo. Sí, había pasado lo que creía. Sonrió. Nada, ni una gaviota, le quitaría la calma nunca más.
Siguió mirando el mar, pensando cuáles eran los pasos a dar. Por dónde empezar.
Una gaviota pasó volando por encima de ella. Sintió que algo caía en su cabeza. Pasó su mano por su pelo. Sí, había pasado lo que creía. Sonrió. Nada, ni una gaviota, le quitaría la calma nunca más.
jueves, 29 de agosto de 2013
A dónde ir
Creo que no soy la única persona que cuando le pasa algo, quiere huir a su casa. Si me siento mal en algún lugar, estoy incómoda, aburrida, quedándome dormida, enojada con alguien, molesta o lo que sea, instantaneamente pienso "me quiero ir MI casa". Es que en casa tengo mi cuarto,con mi cama, con mis ositos que al abrazarlos, todo es mejor. En mi casa me siento tranquila. En mi casa nadie quiere lastimarme.En mi casa estoy segura. En mi casa no necesito estar alerta. En mi casa encuentro paz.
Ahora... hace unos días que vengo mal por x cosa (que al tema es irrelevante) que pasó en mi casa. Estaba tan molesta e incómoda, que siempre se me escapaba un "me quiero ir a casa" mental. Pero ya estaba en casa. Entonces, una y otra vez me preguntaba "a dónde ir cuando ya estoy en casa?". Más de una vez pensé en irme a caminar, despejarme. Escuchar música por el parque. Quizás ir a ver ropa y pensar en qué me gustaría comprarme en vez de pensar en lo que me pasaba. Nunca me fui de casa. Preferí quedarme todas las veces. Porque al final de cuentas, más allá de lo que pase, este es mi lugar, mi familia y las personas que siempre, pase lo que pase, me van a querer.
Y como diría mi querida Dorothy: no hay lugar como el hogar.
Ahora... hace unos días que vengo mal por x cosa (que al tema es irrelevante) que pasó en mi casa. Estaba tan molesta e incómoda, que siempre se me escapaba un "me quiero ir a casa" mental. Pero ya estaba en casa. Entonces, una y otra vez me preguntaba "a dónde ir cuando ya estoy en casa?". Más de una vez pensé en irme a caminar, despejarme. Escuchar música por el parque. Quizás ir a ver ropa y pensar en qué me gustaría comprarme en vez de pensar en lo que me pasaba. Nunca me fui de casa. Preferí quedarme todas las veces. Porque al final de cuentas, más allá de lo que pase, este es mi lugar, mi familia y las personas que siempre, pase lo que pase, me van a querer.
Y como diría mi querida Dorothy: no hay lugar como el hogar.
domingo, 26 de mayo de 2013
Uno
Viendo el partido de River, estaba ansiosa por un cuarto gol. Un 3-0 es un buen partido ganado, el 4-0, es goleada.
Me puse a pensar sobre la diferencia. ¿Por qué del 3 al 4 (para mí al menos) pasa de ser una cosa a otra? Y pensé. Pensé que también por diferencia de uno se puede ganar, se puede perder, o por falta de ese uno, se puede empatar.
Y qué pasa si de ese uno que hablamos, somos nosotros mismos? Yo no creo que sea ni la primera ni la última persona que en algún punto de su vida, haya pensado que si estaba o no en un lugar, era lo mismo. Si voy o me quedo, no pasa nada. El mundo no va a cambiar porque yo no esté, no hable, no esté presente, no haga x cosa.
No nos damos cuenta, pero a veces, somos ese gol que hace que las cosas pasen de una derrota, un empate, un buen partido ganado, a ser una goleada.
Me puse a pensar sobre la diferencia. ¿Por qué del 3 al 4 (para mí al menos) pasa de ser una cosa a otra? Y pensé. Pensé que también por diferencia de uno se puede ganar, se puede perder, o por falta de ese uno, se puede empatar.
Y qué pasa si de ese uno que hablamos, somos nosotros mismos? Yo no creo que sea ni la primera ni la última persona que en algún punto de su vida, haya pensado que si estaba o no en un lugar, era lo mismo. Si voy o me quedo, no pasa nada. El mundo no va a cambiar porque yo no esté, no hable, no esté presente, no haga x cosa.
No nos damos cuenta, pero a veces, somos ese gol que hace que las cosas pasen de una derrota, un empate, un buen partido ganado, a ser una goleada.
jueves, 10 de enero de 2013
Mulán
Personajes: I
Espero no ser la única que de chica le gustaba pensar qué personaje era de cada película. O si había alguien a quien se pareciera. O quizás no tan de chica.Mi princesa favorita de Disney siempre fue Mulán: en ella veía reflejado el espíritu de pelea, la fuerza, la capacidad de seguir adelante a pesar de que se le negara tomar el lugar que ella creía que era SU lugar. Y claro, no olvidemos que por encima de todas las cosas, está que me siento identificada porque siempre se sintió más cómoda haciendo lo que, se creía, le correspondía a los hombres. En resumen, se parece a mí por ser medio nene. Sí, lo tengo asumido.
De chica, me molestaba esa diferencia que se hacía entre las nenas y los nenes. Odiaba el color rosa porque era el de nena, y amaba el celeste porque no era para mí. Disfrutaba de jugar a los autitos con mi hermano, pero también me gustaba jugar con muñecas. Me molestaba que se marcaran límites entre un género y el otro.
Ahora, de grande, amo el rosa. Dejé de querer el celeste simplemente por llevar la contra. Aunque mi segundo color favorito es el azul. Mi deporte favorito es el fútbol, pero la ropa me puede. No sé, me gusta ser así una mezcla de cosas, sin importarme lo que está estipulado para mujeres y para hombres. Me gusta que me guste una mezcla de cosas.
De chiquita me costaba llevarme con chicos, pero con el tiempo fue todo lo contrario. Me siento mucho más cómoda rodeada de hombres que de mujeres. Y me resulta hiper difícil establecer amistades con mujeres.
Sí, salté de Mulán a cualquier cosa, pero soy así. Quiéranme, acéptenme, o dejen de leerme, nadie se los prohibe.
El asunto es que, al igual de Mulán, muchas personas creen que hay cosas que no me corresponden hacer. Como jugar al fútbol. Pero para ser mujer, juego mejor de lo esperado. Más de un hombre me ha felicitado por cómo juego. Pero hay gente que me ve raro. Que no me entiende. Y sí, suelo quedar del lado de los hombres cuando se dividen las charlas en alguna reunión, pero no creo que esté mal. Creo que es peor que finja quién soy, a ser realmente yo. A pesar de mis defectos, es mejor ser yo.
Prefiero que me odien por quién soy, a que me amen por lo que pretendo ser.
lunes, 12 de noviembre de 2012
Las mujeres somos histéricas
Hace mucho que tengo un borrador guardado con este título, así, como para tenerlo de recordatorio de que algún día quería escribir sobre esto. Hoy es el día. Al menos eso parece.
Las mujeres somos histéricas. Es así, no me lo pueden negar. Los hombres probablemente me den la razón de entrada, las mujeres se enojarán, pero es así.
Vivimos en un "Sí quiero, pero me hago desear". Cuando nos gusta alguien, no vamos y se lo decimos. NO, ESO NUNCA. Nos hacemos las lindas, las simpáticas, las interesantes, pero nunca un sí de una. Nunca. Es como una ley que viene escrita en el manual de "cómo ser mujer". Y la verdad que es una pérdida de tiempo. Además, nos hacemos las feministas, pero vivimos con el pensamiento de que el hombre tiene que ser el que dé el primer paso, el que pague todo... Ah, entonces las mujeres no tenemos suficiente poder de decisión, ni somos de armas tomar, ni nada. Somos unas feministas que depende si nos conviene o no, lo ponemos en práctica.
Ponele, que está bien, que cuando se trata de hombres está bien ser histérica (ponele), pero en todo momento somos así.
Nos juntamos a comer: yo quiero empanadas, yo quiero pizza, yo quiero comida china y yo quiero un mamut extraterreste con salsa barbacoa. Y no, NO SE PUEDE CEDER SIN DEJAR A LA OTRA COMO UNA CAPRICHOSA. Pero ojo! Cuando por fin cedemos y estamos por pedir empanadas, sale la de las empanadas que ahora quiere pedir pizza. AHORA QUIERE PIZZA. Perdón por las mayúsculas, pero llegué a ese punto donde me caen mal las mujeres, incluída yo.
Y con la ropa... buscamos ese bendito vestido negro por todos lados. Lo encontramos, es el modelo exacto que queríamos, a buen precio, nos lo probamos... y no, ya no nos gusta. Nos gustó ese que venía únicamente en verde que nos probamos hace 39 locales y 3243 cuadras atrás. Me compro el negro porque es como yo quería pero no me gusta cómo me queda? Me compro el verde, aunque claro, es verde? Y no, decidimos no comprarnos nada porque somos así de histéricas. Nada nos viene bien.
Como estos ejemplos, podría nombrar muchos, pero tengo demasiadas cosas para hacer. Creo que ya se entendió el punto igual, no?
A los hombres de nada, y a las mujeres perdón, pero aceptémoslo.
Las mujeres somos histéricas. Es así, no me lo pueden negar. Los hombres probablemente me den la razón de entrada, las mujeres se enojarán, pero es así.
Vivimos en un "Sí quiero, pero me hago desear". Cuando nos gusta alguien, no vamos y se lo decimos. NO, ESO NUNCA. Nos hacemos las lindas, las simpáticas, las interesantes, pero nunca un sí de una. Nunca. Es como una ley que viene escrita en el manual de "cómo ser mujer". Y la verdad que es una pérdida de tiempo. Además, nos hacemos las feministas, pero vivimos con el pensamiento de que el hombre tiene que ser el que dé el primer paso, el que pague todo... Ah, entonces las mujeres no tenemos suficiente poder de decisión, ni somos de armas tomar, ni nada. Somos unas feministas que depende si nos conviene o no, lo ponemos en práctica.
Ponele, que está bien, que cuando se trata de hombres está bien ser histérica (ponele), pero en todo momento somos así.
Nos juntamos a comer: yo quiero empanadas, yo quiero pizza, yo quiero comida china y yo quiero un mamut extraterreste con salsa barbacoa. Y no, NO SE PUEDE CEDER SIN DEJAR A LA OTRA COMO UNA CAPRICHOSA. Pero ojo! Cuando por fin cedemos y estamos por pedir empanadas, sale la de las empanadas que ahora quiere pedir pizza. AHORA QUIERE PIZZA. Perdón por las mayúsculas, pero llegué a ese punto donde me caen mal las mujeres, incluída yo.
Y con la ropa... buscamos ese bendito vestido negro por todos lados. Lo encontramos, es el modelo exacto que queríamos, a buen precio, nos lo probamos... y no, ya no nos gusta. Nos gustó ese que venía únicamente en verde que nos probamos hace 39 locales y 3243 cuadras atrás. Me compro el negro porque es como yo quería pero no me gusta cómo me queda? Me compro el verde, aunque claro, es verde? Y no, decidimos no comprarnos nada porque somos así de histéricas. Nada nos viene bien.
Como estos ejemplos, podría nombrar muchos, pero tengo demasiadas cosas para hacer. Creo que ya se entendió el punto igual, no?
A los hombres de nada, y a las mujeres perdón, pero aceptémoslo.
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