Soy una adulta de apenas 18 años. Para mí punto de vista, sigo siendo una niña. No tengo en claro lo que voy a hacer el día de mañana, tengo sueños pero no planes. No estudié para ser escritora, no sé palabras difíciles. No sé lo que pasa en el mundo, no conozco grandes personas, apenas sé un poco de historia (es más, mi novio se sorprendió porque yo sabía en qué batalla habían participado San Martín y Bolivar juntos). No sé de tecnología (me suelo pelear con mi celular), no sé de arte, no sé de literatura, la geografía siempre me resultó pesada. La historia argentina me tentó en algún tiempo, pero las matemáticas la superaron. En fin, poco y nada sé. Más nada que poco. Muchas veces dudo hasta de cómo se escribe mi nombre. Soy una más del montón. No me destaco por ser la más inteligente, ni la más linda. Soy una persona más que camina por la calle. Para los demás. Para mí soy yo, como soy, como quiero. Desde mi simple y humilde lugar. No necesito saber nada grande para dar mi opinión. Desde las pocas palabras que sé escribir y pronunciar, quiero hacerme escuchar. Quiero dar mi punto de vista. Me quiero expresar. Simple, clara y sencilla. Así quienes son iguales a mí en cuanto a la ignorancia, me puedan entender. Las únicas dos palabras largas y complejas que sé son esternocleidomastoideo y supercalifragilisticoespialidoso, y lo digo con orgullo.
sábado, 25 de febrero de 2012
lunes, 20 de febrero de 2012
Queja
Señor, mi queja es ésta,
Tú me comprenderás;
De amor me estoy muriendo,
Pero no puedo amar.
Persigo lo perfecto
En mí y en los demás,
Persigo lo perfecto
Para poder amar.
Me consumo en mi fuego,
¡Señor, piedad, piedad!
De amor me estoy muriendo,
¡Pero no puedo amar!
Pero no puedo amar.
Persigo lo perfecto
En mí y en los demás,
Persigo lo perfecto
Para poder amar.
Me consumo en mi fuego,
¡Señor, piedad, piedad!
De amor me estoy muriendo,
¡Pero no puedo amar!
Alfonsina Storni
Lo importante es el interior
...A ellas que me marcaron,
que saben que son ellas,
pero puede que nunca lo admitan...
Estuve muchos años sin aceptarme. Renegando de mi cuerpo. Envidiando a otras que tenían el cuerpo que yo quería. Envidiándolas y admirándolas, por qué no. Tenían aquello que me ponía tan mal, que tanto deseaba. Eran lo que yo quería ser. Lo que yo soñaba. Lo que yo moría por ser. Hoy, unos años más tarde, me encuentro recordando esas épocas. Sí, sigo sin tener ese cuerpo que tanto quería. Aunque ahora se parece un poco más a ese ideal, no lo alcanzé. Y cuál hay? Aprendí a aceptar que soy como soy. Y pensando un poquito más, aquellas quienes envidiaba, hoy siguen teniendo ese cuerpo, pero... y lo demás? Por fuera siguen iguales, pero por dentro, no tienen nada que envidiar. Aprendí a darle la importancia a las cosas realmente importantes. Como no tenía el exterior, me concentré en el interior, en superarme cada día más para ser una mejor persona, para madurar, para ser una ayuda a quienes me rodean. Sigo trabajando en eso. Sigo trabajando en eso mientras ellas trabajan en superar a la que tienen al lado (incluídas aquellas que se supone que son sus amigas), siendo la más linda, la mejor vestida, la mejor maquillada, la que tiene más chicos atrás. Sí, mientras ellas trabajan en su exterior. En eso que se va con el paso del tiempo. Increíblemente, por no tener lo que quería, conseguí descubrir lo que realmente importa. Muchos me lo dijeron, y pensaba que era algo que me lo decían para que me conformara, o no me pusiera mal. Pero realmente lo que importa es el interior. Porque todo pasa, nada queda, menos lo que uno relmente es. La persona que es, no la imagen. No me creo mejor, sólo creo que logré descubrir algo, que probablemente cuando ellas lo descubran, será muy tarde.
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