lunes, 12 de noviembre de 2012

Las mujeres somos histéricas

Hace mucho que tengo un borrador guardado con este título, así, como para tenerlo de recordatorio de que algún día quería escribir sobre esto. Hoy es el día. Al menos eso parece.
Las mujeres somos histéricas. Es así, no me lo pueden negar. Los hombres probablemente me den la razón de entrada, las mujeres se enojarán, pero es así.
Vivimos en un "Sí quiero, pero me hago desear". Cuando nos gusta alguien, no vamos y se lo decimos. NO, ESO NUNCA. Nos hacemos las lindas, las simpáticas, las interesantes, pero nunca un sí de una. Nunca. Es como una ley que viene escrita en el manual de "cómo ser mujer". Y la verdad que es una pérdida de tiempo. Además, nos hacemos las feministas, pero vivimos con el pensamiento de que el hombre tiene que ser el que dé el primer paso, el que pague todo... Ah, entonces las mujeres no tenemos suficiente poder de decisión, ni somos de armas tomar, ni nada. Somos unas feministas que depende si nos conviene o no, lo ponemos en práctica.
Ponele, que está bien, que cuando se trata de hombres está bien ser histérica (ponele), pero en todo momento somos así.
Nos juntamos a comer: yo quiero empanadas, yo quiero pizza, yo quiero comida china y yo quiero un mamut extraterreste con salsa barbacoa. Y no, NO SE PUEDE CEDER SIN DEJAR A LA OTRA COMO UNA CAPRICHOSA. Pero ojo! Cuando por fin cedemos y estamos por pedir empanadas, sale la de las empanadas que ahora quiere pedir pizza. AHORA QUIERE PIZZA. Perdón por las mayúsculas, pero llegué a ese punto donde me caen mal las mujeres, incluída yo.
Y con la ropa... buscamos ese bendito vestido negro por todos lados. Lo encontramos, es el modelo exacto que queríamos, a buen precio, nos lo probamos... y no, ya no nos gusta. Nos gustó ese que venía únicamente en verde que nos probamos hace 39 locales y 3243 cuadras atrás. Me compro el negro porque es como yo quería pero no me gusta cómo me queda? Me compro el verde, aunque claro, es verde? Y no, decidimos no comprarnos nada porque somos así de histéricas. Nada nos viene bien.
Como estos ejemplos, podría nombrar muchos, pero tengo demasiadas cosas para hacer. Creo que ya se entendió el punto igual, no?
A los hombres de nada, y a las mujeres perdón, pero aceptémoslo.


domingo, 26 de agosto de 2012

Mascarita, mascarita

Es algo que nunca entendí, y probablemente nunca entenderé: la gente que te odia, te envidia, le caés mal, y se hace la que no. No sé, se ve que soy muy frontal. O al menos lo aprendí con el tiempo. Una cosa es respetar al otro por el simple hecho de ser una persona. Si lo conocés y te lo cruzás, lo saludás. Hasta ahí todo bien. Ahora, cuando se hacen los simpáticos y te bardean por la espalda, qué pasa?
No sé si tienen la necesidad de sentirse queridas por la persona que odian, de forma que sean "mejores" porque "pobre, se cree mi amiga y la detesto". Ah, mucho sentido. O se creen que te descansan. No sé. 
Si yo no te banco, y vos no me bancás, para qué ser falsa? Hola, te estoy diciendo que me caés mal. Vos y tu actitud. Para qué vas a hacerte la que está todo bien? Dejame con mi vida, no te metas, saludame si me cruzás, respetame como ser humano, pero hacerte la que te caigo bien...? Dejá de simular y aceptá la verdad.

domingo, 19 de agosto de 2012

Mi famoso pelo corto

Hace unas semanas en Sociología, hablábamos de las normas de la sociedad en la que vivimos. También hablamos de las expectativas que tenía la sociedad sobre todos. No personal, si no en general. A lo que la profesora explicó "Nosotras como mujeres, la sociedad espera que tengamos el pelo largo, que seamos finas cuando nos sentemos, tengamos hijos..." y siguió con la lista. En esos primeros dos puntos me detuve yo. Me miré a mí misma. Me miré y me encontré (como siempre) con mi pelo corto por los hombros, sentada en un banquito con una pierna para arriba y la otra debajo de mí. Y así soy yo. Y eso me diferencia del resto. Y hasta me enorgullece. La sociedad esperaba otra cosa de mí. Y no la culpo. Es más, yo misma esperaba otra cosa de mí. La sociedad y yo misma, decepcionadas de mí, qué coincidencia. Es que todos estamos acostumbrados a esas normas que, como explicaba mi profesora, "No las encontramos ajenas a nosotros, sino que desde chiquitos las vamos incorporando naturalmente. Y no nos damos cuenta, y las hacemos nuestras". 
Más allá de que me pareció interesante la clase (por si no quedaba claro), me sentí identificada. Tuve tantos comentarios sobre mi pelo en estos años, que lo viví. Viví eso que el resto espera de mí y no cumplí, y así se me "venía en contra" por ir yo en contra. No, nunca tuve más problemas que ciertas burlas y comentarios sobre mi pelo, las hipótesis que despertaba mi corte y demás pequeñeces. Que por más pequeñeces que sean, me molestan. Pero esa clase me hizo entender un poco más la reacción de la mayoría de las personas. 
Yo voy a seguir, con mi pelo corto como me gusta, por varios años más probablemente. Sobre todo por la sensación de llevar la contra que me trae satisfacción.
Ah, y para que sepan, mi profesora de Sociología tiene el pelo más corto que yo.

sábado, 4 de agosto de 2012

Sapo de otro pozo

Me parece que mi función en esta vida es sentirme siempre sapo de otro pozo. Esté donde esté. Sea haciendo mi pasión o una obligación. Continuamente me siento fuera de lugar, excluída, diferente. 
Yo pensaba que iba a ser sólo en el primario. Cuando uno es tan chico, no suele tener tan formada su personalidad (cosa que yo sí, y nunca supe por qué), y es entendible notar esa diferencia. Para el secundario, me cambié de colegio, a estudiar algo que yo quería y creí que al compartir ese gusto, me sentiría un poco mejor. Y de nuevo no me hallaba con la gente que me rodeaba. Pensé que una vez que saliera de ahí, y estudiara teatro, diseño, catequesis... iba a sentirme entre los míos. Pero tampoco. Hasta terminé abandonando catequesis porque me sentía, más que sapo de otro pozo, pez dentro de un pozo.
Y simplemente siento que mi vida se basa en eso. Una molesta sucesión de intentos de sentirme cómoda en un lugar donde no encajo, ni nunca lo voy a hacer. Me tendré que hacer mi propio pozo, donde me sienta en mi lugar. O quizás tendré que dejar los pozos y hacerme un nido. Siempre me gustó más volar.

lunes, 30 de julio de 2012

El mundo del revés

Hace un tiempo atrás, en un mundo lejano, había un pueblito llamado Maherén. En ese pequeño pueblito, vivían Jeherán, un hombre bondadoso y comprensivo, humilde y preocupado por los demás; y Sahamir, quien era la autoridad, era egoísta, y hacía las leyes a su antojo.
El pueblo cansado de vivir bajo las órdenes incoherentes de Sahamir, un día se dirigió a Jeherán y le pidió que hablara con él, para intentar que entrara en razón, ya que él era admirado en Maherén por su forma de ser. Jeherán aceptó y allí fue, en busca de una vida más digna para él, su familia, y el pueblo que lo vio crecer. Luego de muchas horas de charla (y muchas protestas de Sahamir), se dio por vencido, era imposible cambiar la opinión que tan arraigada estaba en aquel hombre que vivía en un mundo paralelo a la realidad. Ante esto, el pueblo decidió salir a las pequeñas calles de tierra a reclamarle a Sahamir sus derechos. Sahamir hizo oídos sordos a los pedidos desesperados. Ya no sabían qué hacer. Era imposible seguir en esa situación. Todo Maherén se hizo presente y decidió enjuiciar a Sahamir de una forma justa y honorable. Los hechos hablaron, y terminó en la cárcel. Jeherán reinó y, la paz, la hermandad y la bondad, también lo hicieron.
Qué increíble es que haya sucedido en un pequeño pueblito como Maherén, en un mundo y tiempo lejano, y que nosotros no podamos hacer valer nuestros derechos. Y qué increíble que sea tan difícil ser Jeherán en estos tiempos. Decididamente vivimos en el mundo del revés.

jueves, 12 de julio de 2012

El miedo a lo desconocido

Quién no le tiene miedo a lo distinto, a lo raro, a lo nuevo? Quién cuando probó por primera vez una comida no puso cara de asco desde antes de probarla? Por instinto, las cosas nuevas nos suelen asustar. Es más fácil y cómodo quedarnos con lo que conocemos. Estamos tranquilos, sin ningún cambio. Y quién va a decir que no le gusta estár cómodo, o no? Si todo sigue igual en nuestra vida, ya todo sería muy predecible. El asunto es el siguiente: yo creo que mi familia me tiene miedo. Le tiene miedo a ese "desconocido" que vengo a ser yo. Ninguno termina de convencerse con lo que yo quiero hacer de mi vida. Me plantean otras soluciones, otros caminos, pero no me dejan hacer el propio. Por qué? Simplemente porque les dá miedo. No voy a negar que a mí también, pero el hecho es que quiero probar cosas nuevas. Quiero seguir lo que creo que es mi vocación, mi futuro, y mi felicidad. Pero al ser la única con ideas tan revolucionarias, tan voladas, tan artísticas en mi familia, mis papás le tienen miedo. Mis papás, mis abuelos, mis tíos... Todos piensan un futuro para mí que entre en su "conocido", que no los altere, que los deje vivir tranquilos... pero no es lo que quiero yo. No me gusta la vida planeada de colegio - secundario - universidad - trabajo. Ellos están todos acostumbrados a que sea todo más ¿mecánico? no sé exactamente cómo llamarle. Pero yo tengo alma de artista, es así. No hay lugar como el escenario. NO LO HAY. Y no me quieran convencer de lo contrario. Para el resto, es un sueño imposible, una actividad extra, un gustito que me pego los lunes en el San Martín y así va a seguir siendo. Pero yo sigo con la esperanza de que algún día acepten esta desconocida, con alma de artista, cuya vida quiere transcurrir sobre un escenario, y no soñando con él.

jueves, 5 de julio de 2012

Peter Pan, mi muela

Para los que me conocen ya sabrán de la historia, para los que no, les hago un breve resumen: Febrero. Muela. Costado. Mexicano. Ortodoncista. Cirujano. Ortodoncista. Futuros aparatos. Bueno, quizás un poco menos breve. En febrero se me asomó tímidamente la puntita de una muela que cuya precesora no me había abandonado. Pasaron los meses, y creció y creció, y ahora tengo una muela de costado y la de leche. Ahora me la van a tener que sacar, ponerme aparatos... Eso es lo importante de la historia, el resto (para ustedes) es irrelevante.
El asunto es ese, que mi muela de leche no me había abandonado. Las muelas de leche, como todos los otros dientes de leche, son una pequeña forma de decir que somos chiquitos. Pero yo tengo 18 años, no? Pero justamente ahí está lo importante de todo esto. Esa muelita de chiquita, está agarrada cual piedra a mi encía. Van a tenerme que hacer una cirugía para poder extraerla, porque con un dentista común no basta. Y es que según mucha gente, yo soy así. Soy aferrada con la niñez. Mi mamá me dice que no puedo soltarlo, que se nota que no quiero crecer. Un encargado de curso me decía Peter Pan (no hace falta explicar mucho, no?). Pero no sé por qué todos dicen eso. Si hay algo que esperé toda mi vida, fue crecer. Pero quizás a lo que me aferro y no quiero dejar atrás, es que la responsabilidad de las cosas no sea mía. Ni tampoco quiero olvidar mi inocencia. Ni tampoco quiero ser desconfiada. No quiero preocuparme del futuro. No quiero tener que poner los pies en la tierra porque soy soñadora por naturaleza. No quiero tener la parte "fea" de ser grande. Lamentablemente, los adultos guardan sus alas en un baúl junto a sus sueños, agarran las responsabilidad, y salen a ganarse la vida con su trabajo, su tiempo y su esfuerzo. Y es simple, no quiero eso, y creo que nadie más lo quizo, quiere y querrá. Es que para mí, no hay nada más hermoso que volar.

martes, 19 de junio de 2012

Nuestro propio camino

Es innevitable que mientras vamos recorriendo nuestro camino, nuestros amigos, padres, tíos, abuelos, vecinos, y compañeros de la vida, nos den consejos. Nos cuenten sus anécdotas. Nos digan qué conviene y qué no hacer. Nos den sus opiniones. Nos cuenten sus errores y cómo tendrían que haber hecho para no tenerlos. Pero es así, siempre pasa. Lo importante es no seguir lo que ellos nos dicen, no vivir sus sueños frustrados, ni lo que se imaginaron o esperaron de vos. Lo importante es hacer tu propio camino. Tener anécdotas propias. Elecciones propias. Errores propios. Si vivís la vida que otros quieren, el día que seas grande, vas a estar lleno de frustraciones, y vas a echarle la culpa a otros... cuando vos debías seguir tu corazón. Hacé tu propio camino, viví lo que quieras vivir, hacé lo que necesites y no te arrepientas de haber tomado las riendas de tu vida. Porque eso es, TUYA.

lunes, 23 de abril de 2012

El frasco

Les dejo una pequeña reflexión que leí recién. Espero que les guste... 

Un día, un profesor de filosofía empezó su clase tomando un frasco grande y vacío de mayonesa que llenó con pelotas de golf. A continuación, les preguntó a sus estudiantes que si el frasco estaba lleno. Y los estudiantes respondieron que sí.
Pero el profesor tomó una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco de mayonesa. Haciendo unos pequeños movimientos, Las canicas llenaron los espacios vacíos que había entre las pelotas de golf. Entonces, el profesor volvió a preguntar a los estudiantes que si el frasco estaba lleno, y ellos volvieron a decir que sí.
Pero el profesor tomó una caja con arena y la vació dentro del frasco. Sacudió un poco el frasco, y obviamente, la arena ocupó todos los espacios vacíos, así que el profesor volvió a preguntar que si el frasco estaba lleno. En esta ocasión, los estudiantes respondieron con un sí unánime.
Pero el profesor agregó dos tazas de café al contenido del frasco y, efectivamente, aún había sitio para esa cantidad de líquido. Los estudiantes estallaron en carcajadas al comprobar la agudeza del profesor. Cuando la risa se apagaba, el profesor les dijo:
–Quiero que se den cuenta de que este frasco representa la vida.
Las pelotas de golf son las cosas importantes en la vida como la familia, los hijos, la salud, los amigos, todo lo que les apasione de verdad. Son cosas que llenarían por completo su vida aunque perdieran todo lo demás.
Las canicas son las otras cosas importantes, como el trabajo, la casa, el abrigo, entre otras.
La arena es todo lo demás, las pequeñas cosas.
Si ponen la arena en el frasco primero, ya no habrá espacio para las canicas, ni para las pelotas de golf. Lo mismo ocurre con la vida. Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes en la vida.
Así pues, presten atención a las cosas que son cruciales para su felicidad. Jueguen con sus hijos, tómese tiempo para asistir al médico, vayan con su pareja a cenar, practiquen su deporte o afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa y reparar la llave del agua. Ocúpense de las pelotas de golf primero, de las cosas que realmente importan. El resto es sólo arena.
Uno de los estudiantes levantó la mano y preguntó que qué representaba el café? El profesor sonrió y dijo:
– ¡Me alegro de que me haga esa pregunta! –Exclamó el profesor–. El café sirve para demostrar que no importa cuán ocupada pueda parecer su vida, siempre habrá sitio para compartir un par de tazas de café con un amigo.

jueves, 19 de abril de 2012

Stay Strong

Tal vez inconscientemente, o ignorando un poco su realidad, empecé a tomarla como ejemplo. No mucho se sabía de su vida y yo aún así la admiraba. Y una vez que todo salió a la luz, me sentí más identificada con ella, y la admiré más. La fuerza de ella, es mi fuerza. Es mi ejemplo a seguir. Y el de muchas que sufrimos lo mismo que ella.

lunes, 16 de abril de 2012

Me mantengo acá y no me muevo

Es difícil ser el distinto. Pero más difícil es aceptarlo en vez de aceptar las reglas que el resto nos impone. La salida más simple, es cambiar, adaptarse al resto. Si no les gusta cómo soy, ellos son de determinada manera... y bueno, de ahora en más me callo y hago como que pienso igual, siento igual, me veo igual, decido igual, camino igual. Ser uno más del montón, no está mal... pero cuando te sale de adentro, no cuando te obligás a serlo. Hay que tener personalidad y ser fuerte, para aceptar que uno es diferente, y no sólo aceptarse, sino sentirse orgulloso de eso. Tener orgullo no significa descalificar a nadie, significa no sentirse menos por eso. Tener la fuerza para decir "Soy así, me acepto, me quiero, me mantengo acá y no me muevo".

sábado, 7 de abril de 2012

El mejor consejo

Muchas veces creemos que cuando alguien nos cuenta algo, algún problema, alguna situación que no esté resultando, tenemos que darle un consejo. Los consejos no se dan a tontas ni a locas, no se dan porque me pasó algo parecido y ahora "sé" lo que hay que hacer, no se dan porque el otro abrió la boca para contar lo que le pasa. Se dan cuando se piden. Es algo que yo lo tengo bien sabido, muchas veces cuento las cosas porque necesito descargarme, no porque quiero que me digan lo que tengo que hacer. 
No escribo esto porque me harté de que me den consejos sin pedirlo, sino por lo contrario. Di un consejo que no me pidieron y estoy extremadamente arrepentida. No paro de pensar en eso. Me siento muy culpable. Yo misma sé lo molesto que es que te den consejos sin pedirlos, y lo hago. 
No hay que dar consejos sin que te lo pidan, es así de claro, así de sencillo. Hay veces que sólo se necesita ser escuchado, abrazado, o con una simple mirada se siente mejor. Mi último consejo no pedido va a ser: no den consejos no pedidos.

domingo, 25 de marzo de 2012

Mi nuevo escritorio

Ayer fui a comprarme un nuevo escritorio y volví llorando a mi casa de felicidad. ¿Por qué? Porque para mí, es el símbolo de la etapa que comienzo. Son mis sueños volviéndose realidad. Para que me entiendan un poquito más de lo que hablo, me compré un nuevo escritorio porque el anterior era chico. Era chico para poner mi máquina de coser, hacer los moldes de la ropa, tener grandes hojas donde hago los bocetos de mis diseños. Parte del comprar este escritorio, es el cambio: lo que quería hacer se vuelve lo que hago. Me asusta muchísimo esta nueva etapa (y quiero resaltar el MUCHÍSIMO) pero también me llena de felicidad, saber que todos mis proyectos y sueños que tengo desde pequeña, van volviéndose realidad, van cobrando sentido, van tomando forma... de escritorio.

miércoles, 21 de marzo de 2012

El día del mañana

Les dejo una poesía que escribí para un concurso hace un par de meses. Lo importante para mí, no es el puesto en que salí, sino el haberme animado a compartir mis palabras con alguien que no sea yo misma.

¿Cómo soñar un mañana,
Si en el presente no queda nada
De lucha, fe y esperanza?
Pocos conocen esas palabras.

La juventud vive sumergida,
Todos y cada uno de sus días,
En una realidad virtual,
Donde lo único que hacer es escapar.

¿Cómo soñar un mañana,
Si hoy no doy batalla?
¿Cómo esperar que cambie el mundo,
Si no se empieza por uno?

Hay que pelear, correr, gritar,
Saltar, reclamar, hacerse escuchar.
Cada uno de nuestros pasos,
Podrá generar los cambios necesarios.
Hay que enfrentarse a esta realidad,
  hacerla cambiar.

Vivir felices y en paz,
No vendría para nada mal.

lunes, 19 de marzo de 2012

El miedo del último paso

Desde que soy chiquita, esperé este momento: ser grande. Es una forma de decir ser grande, me siento todavía una nena pequeñita perdida en la inmensidad del mundo. Pero tener esa posibilidad de hacer, crear mi futuro y dejar de imaginarlo. Yo soñaba con estudiar diseño, con aprender a cantar, ir a clases de teatro... tantas cosas! Y ahora ya está, llego el momento. Dentro de poco empiezo con todo eso, que era lo que tanto esperaba. Tanto tanto lo venía pensando y planeando y deseando y rezando que llegara este momento. Este dulce momento. Y no quiero ahora. No quiero empezar. No quiero ir a clases. No lo quiero. Basta. Quiero que estos últimos días de vacaciones me duren eternamente. Le puse tantas expectativas a este momento de mi vida, que tengo miedo de fracasar, de pifiarle con lo que hago, y de que tantas ilusiones que tenía, yo misma las arruine. Es muy fácil pasar toda la vida planeando el futuro, porque no sabés qué va a pasar, cuándo va a llegar... está tan lejos, tan inalcanzable. Y ahí puse mi ficha. Ahí puse mi felicidad. Siempre creí que acá empezaba la buena vida. Y ahora que llegó, tengo miedo. Tengo miedo de que haya pasado 18 años de mi vida esperando un momento que no tuvo sentido esperarlo tanto, tan ansiosa, tan nerviosa, con tantas expectativas. Vine viviendo con la ilusión de que el mañana iba a ser lo bueno. Y el mañana ya es hoy. Y hoy no lo quiero arruinar. Por eso tengo miedo al último paso en esta historia, el paso de empezar a vivir como yo quiero, haciendo lo que quiero. El último paso en la planificación, en la previa, y el primero en el resto de mi vida.

miércoles, 14 de marzo de 2012

El hombre ideal

Hace una semana, hablando con una amiga, llegamos a un tema muy típico entre mujeres: el hombre ideal. Me empezó a describir cómo sería su chico perfecto, su forma de ser, de pensar, su físico, su familia, sus gustos...
Ese es nuestro mayor error. Las mujeres solemos hacer una lista interminable de cualidades que debe tener con quien salgamos, descartando una mínima oportunidad a uno que es morocho cuando nuestro ideal es rubio, uno que juegue al tenis en vez del rugby, y tantos etcéteras. No voy a decir que hay que probar con el que venga, no. Y tampoco voy a decir que nunca hice una lista, porque sería una mentira (bastante grande). De chiquita, no me entraba en la cabeza que a otras les podía parecer lindo un chico que no fuese rubio. Los chicos lindos eran rubios, para mí, por ley. Tenía que irle mal en el colegio, ser un "rebelde" (o lo que era rebelde a esa edad), jugar bien al fútbol, no ser de River (para que hubiese "pica") y un montón de cosas más. Con el paso del tiempo, ese ideal, esas características básicas, se fueron modificando. Algunas, no todas. En realidad creo que lo único que cambió es que me dejaron de gustar los rubios, y me interesaron los morochos... Bueno, ese no es el punto. El punto es que tenía mi ideal pensado, el chico perfecto, el hombre de mis sueños. Nosotras pensamos que es perfecto, que necesitamos eso, pero no es así. 
Hace unos meses que estoy de novia, con un chico que creo que el único requisito de esa lista que cumple, es ser morocho. Y eso es todo. Pensé muchas veces como sería "mi novio perfecto" pero no era para nada como yo creía. Una cree que sabe lo que quiere, hace su listita, pero cuando llega esa persona perfecta, la lista se rompe, las cualidades se olvidan y lo único que queda es la magia de verlo a los ojos, de estar con él, de sentir que todo es mejor a su lado. Por esas listitas, muchas dejan pasar grandes personas, porque quizás no encajaba con su ideal, cuando su ideal es quien tienen frente a ellas. Yo agradezco haberla dejado de lado y por ello haber encontrado a quien hoy es mi razón de sonreir.

domingo, 11 de marzo de 2012

No me entienden?

Me pone increíblemente molesta cuando las personas no entienden lo que digo. No hablo en chino, ni ruso, ni húngaro, ni esperanto. Uso palabras simples, oraciones cortas, ideas sencillas. Digo lo que quiero decir y espero que el resto me entienda, pero no ocurre. No sé si no me entienden por mi manera de expresarme o porque no comprenden que pueda estar diciendo lo que digo. O porque quizás su forma de ser lo impide. Normalmente, la forma de ser de uno, repercute en todo su alrededor: en su manera de llevarse con la gente, su forma de entender las cosas, su forma de resolver los obstáculos, de mirar los problemas, de hacer las cosas.
Practicamente nadie me entiende... será que nunca encontré a alguien que sea parecido a mí? No me creo especial, pero la verdad es que a veces me gustaría poder ser como el resto. O mejor, encontrar alguien que comparta mi forma de ver el mundo.

sábado, 25 de febrero de 2012

Simples palabras

Soy una adulta de apenas 18 años. Para mí punto de vista, sigo siendo una niña. No tengo en claro lo que voy a hacer el día de mañana, tengo sueños pero no planes. No estudié para ser escritora, no sé palabras difíciles. No sé lo que pasa en el mundo, no conozco grandes personas, apenas sé un poco de historia (es más, mi novio se sorprendió porque yo sabía en qué batalla habían participado San Martín y Bolivar juntos). No sé de tecnología (me suelo pelear con mi celular), no sé de arte, no sé de literatura, la geografía siempre me resultó pesada. La historia argentina me tentó en algún tiempo, pero las matemáticas la superaron. En fin, poco y nada sé. Más nada que poco. Muchas veces dudo hasta de cómo se escribe mi nombre. Soy una más del montón. No me destaco por ser la más inteligente, ni la más linda. Soy una persona más que camina por la calle. Para los demás. Para mí soy yo, como soy, como quiero. Desde mi simple y humilde lugar. No necesito saber nada grande para dar mi opinión. Desde las pocas palabras que sé escribir y pronunciar, quiero hacerme escuchar. Quiero dar mi punto de vista. Me quiero expresar. Simple, clara y sencilla. Así quienes son iguales a mí en cuanto a la ignorancia, me puedan entender. Las únicas dos palabras largas y complejas que sé son esternocleidomastoideo y supercalifragilisticoespialidoso, y lo digo con orgullo.

lunes, 20 de febrero de 2012

Queja

Señor, mi queja es ésta,
Tú me comprenderás;
De amor me estoy muriendo,
Pero no puedo amar.

Persigo lo perfecto
En mí y en los demás,
Persigo lo perfecto
Para poder amar.

Me consumo en mi fuego,
¡Señor, piedad, piedad!
De amor me estoy muriendo,
¡Pero no puedo amar!
Alfonsina Storni

Lo importante es el interior

...A ellas que me marcaron,
que saben que son ellas,
pero puede que nunca lo admitan...

Estuve muchos años sin aceptarme. Renegando de mi cuerpo. Envidiando a otras que tenían el cuerpo que yo quería. Envidiándolas y admirándolas, por qué no. Tenían aquello que me ponía tan mal, que tanto deseaba. Eran lo que yo quería ser. Lo que yo soñaba. Lo que yo moría por ser. Hoy, unos años más tarde, me encuentro recordando esas épocas. Sí, sigo sin tener ese cuerpo que tanto quería. Aunque ahora se parece un poco más a ese ideal, no lo alcanzé. Y cuál hay? Aprendí a aceptar que soy como soy. Y pensando un poquito más, aquellas quienes envidiaba, hoy siguen teniendo ese cuerpo, pero... y lo demás? Por fuera siguen iguales, pero por dentro, no tienen nada que envidiar. Aprendí a darle la importancia a las cosas realmente importantes. Como no tenía el exterior, me concentré en el interior, en superarme cada día más para ser una mejor persona, para madurar, para ser una ayuda a quienes me rodean. Sigo trabajando en eso. Sigo trabajando en eso mientras ellas trabajan en superar a la que tienen al lado (incluídas aquellas que se supone que son sus amigas), siendo la más linda, la mejor vestida, la mejor maquillada, la que tiene más chicos atrás. Sí, mientras ellas trabajan en su exterior. En eso que se va con el paso del tiempo. Increíblemente, por no tener lo que quería, conseguí descubrir lo que realmente importa. Muchos me lo dijeron, y pensaba que era algo que me lo decían para que me conformara, o no me pusiera mal. Pero realmente lo que importa es el interior. Porque todo pasa, nada queda, menos lo que uno relmente es. La persona que es, no la imagen. No me creo mejor, sólo creo que logré descubrir algo, que probablemente cuando ellas lo descubran, será muy tarde.

martes, 31 de enero de 2012

Colectivos

 ...A mis compañeros de hoy del 15,
que me inspiraron,
sin conocerme y sin conocerlos...

Uno nunca piensa en la mística de los colectivos. No me refiero a que siempre hay uno que te deja, ni a la cantidad de ellos. Me refiero a algo más allá de eso, algo más especial.
Los colectivos llevan miles historias encima: todos los que han pasado han dejado su huella en él (sacando los garabatos siempre presentes), quizás no es física, no se la puede ver, pero ahí está. Anécdotas contadas entre ellos que viajan acompañados, canciones para los viajeros solitarios. Amores dirigiéndose a una salida, y otros volviendo de hacerse pedazos frente a las rupturas. Decisiones tomadas, pensamientos resueltos, dudas existenciales. Almuerzos en viaje, encuentros, ceder el asiento. Mensajes mandados, quizás un te amo o un te extraño. Llamadas contestadas o realizadas, con la vieja frase de "no sabés lo que tardó el bondi ! Dentro de poco estoy en casa". Amigos, familiares, desconocidos... todos en un mismo colectivo. Si el colectivo hablara... Se acordaría de cada uno ? Miles de historias de vida, obstáculos superados y por superar, lugares de los que vienen y a dónde van, razones de estar ahí, puntos de vista, maneras de pensar, creencias religiosas y políticas... Todas han pasado por un mismo colectivo. Cada uno con su propia vida: el señor de anteojos, la que viene de trabajar, el que se quedó dormido al lado tuyo, el nene que te hace caras, todos en un mismo momento y un mismo lugar, por el cual pasaron muchos otros y pasarán muchos más. Todos construyendo la historia de aquel colectivo que si hablara... ! Ya de tantas historias, se habría perdido.