domingo, 25 de marzo de 2012
Mi nuevo escritorio
Ayer fui a comprarme un nuevo escritorio y volví llorando a mi casa de felicidad. ¿Por qué? Porque para mí, es el símbolo de la etapa que comienzo. Son mis sueños volviéndose realidad. Para que me entiendan un poquito más de lo que hablo, me compré un nuevo escritorio porque el anterior era chico. Era chico para poner mi máquina de coser, hacer los moldes de la ropa, tener grandes hojas donde hago los bocetos de mis diseños. Parte del comprar este escritorio, es el cambio: lo que quería hacer se vuelve lo que hago. Me asusta muchísimo esta nueva etapa (y quiero resaltar el MUCHÍSIMO) pero también me llena de felicidad, saber que todos mis proyectos y sueños que tengo desde pequeña, van volviéndose realidad, van cobrando sentido, van tomando forma... de escritorio.
miércoles, 21 de marzo de 2012
El día del mañana
Les dejo una poesía que escribí para un concurso hace un par de meses. Lo importante para mí, no es el puesto en que salí, sino el haberme animado a compartir mis palabras con alguien que no sea yo misma.
¿Cómo soñar un mañana,
Si en el presente no queda nada
De lucha, fe y esperanza?
Pocos conocen esas palabras.
Si en el presente no queda nada
De lucha, fe y esperanza?
Pocos conocen esas palabras.
La juventud vive sumergida,
Todos y cada uno de sus días,
En una realidad virtual,
Donde lo único que hacer es escapar.
¿Cómo soñar un mañana,
Si hoy no doy batalla?
¿Cómo esperar que cambie el mundo,
Si no se empieza por uno?
Hay que pelear, correr, gritar,
Saltar, reclamar, hacerse escuchar.
Cada uno de nuestros pasos,
Podrá generar los cambios necesarios.
Hay que enfrentarse a esta realidad,
hacerla cambiar.
Vivir felices y en paz,
No vendría para nada mal.
lunes, 19 de marzo de 2012
El miedo del último paso
Desde que soy chiquita, esperé este momento: ser grande. Es una forma de decir ser grande, me siento todavía una nena pequeñita perdida en la inmensidad del mundo. Pero tener esa posibilidad de hacer, crear mi futuro y dejar de imaginarlo. Yo soñaba con estudiar diseño, con aprender a cantar, ir a clases de teatro... tantas cosas! Y ahora ya está, llego el momento. Dentro de poco empiezo con todo eso, que era lo que tanto esperaba. Tanto tanto lo venía pensando y planeando y deseando y rezando que llegara este momento. Este dulce momento. Y no quiero ahora. No quiero empezar. No quiero ir a clases. No lo quiero. Basta. Quiero que estos últimos días de vacaciones me duren eternamente. Le puse tantas expectativas a este momento de mi vida, que tengo miedo de fracasar, de pifiarle con lo que hago, y de que tantas ilusiones que tenía, yo misma las arruine. Es muy fácil pasar toda la vida planeando el futuro, porque no sabés qué va a pasar, cuándo va a llegar... está tan lejos, tan inalcanzable. Y ahí puse mi ficha. Ahí puse mi felicidad. Siempre creí que acá empezaba la buena vida. Y ahora que llegó, tengo miedo. Tengo miedo de que haya pasado 18 años de mi vida esperando un momento que no tuvo sentido esperarlo tanto, tan ansiosa, tan nerviosa, con tantas expectativas. Vine viviendo con la ilusión de que el mañana iba a ser lo bueno. Y el mañana ya es hoy. Y hoy no lo quiero arruinar. Por eso tengo miedo al último paso en esta historia, el paso de empezar a vivir como yo quiero, haciendo lo que quiero. El último paso en la planificación, en la previa, y el primero en el resto de mi vida.
miércoles, 14 de marzo de 2012
El hombre ideal
Hace una semana, hablando con una amiga, llegamos a un tema muy típico entre mujeres: el hombre ideal. Me empezó a describir cómo sería su chico perfecto, su forma de ser, de pensar, su físico, su familia, sus gustos...
Ese es nuestro mayor error. Las mujeres solemos hacer una lista interminable de cualidades que debe tener con quien salgamos, descartando una mínima oportunidad a uno que es morocho cuando nuestro ideal es rubio, uno que juegue al tenis en vez del rugby, y tantos etcéteras. No voy a decir que hay que probar con el que venga, no. Y tampoco voy a decir que nunca hice una lista, porque sería una mentira (bastante grande). De chiquita, no me entraba en la cabeza que a otras les podía parecer lindo un chico que no fuese rubio. Los chicos lindos eran rubios, para mí, por ley. Tenía que irle mal en el colegio, ser un "rebelde" (o lo que era rebelde a esa edad), jugar bien al fútbol, no ser de River (para que hubiese "pica") y un montón de cosas más. Con el paso del tiempo, ese ideal, esas características básicas, se fueron modificando. Algunas, no todas. En realidad creo que lo único que cambió es que me dejaron de gustar los rubios, y me interesaron los morochos... Bueno, ese no es el punto. El punto es que tenía mi ideal pensado, el chico perfecto, el hombre de mis sueños. Nosotras pensamos que es perfecto, que necesitamos eso, pero no es así.
Hace unos meses que estoy de novia, con un chico que creo que el único requisito de esa lista que cumple, es ser morocho. Y eso es todo. Pensé muchas veces como sería "mi novio perfecto" pero no era para nada como yo creía. Una cree que sabe lo que quiere, hace su listita, pero cuando llega esa persona perfecta, la lista se rompe, las cualidades se olvidan y lo único que queda es la magia de verlo a los ojos, de estar con él, de sentir que todo es mejor a su lado. Por esas listitas, muchas dejan pasar grandes personas, porque quizás no encajaba con su ideal, cuando su ideal es quien tienen frente a ellas. Yo agradezco haberla dejado de lado y por ello haber encontrado a quien hoy es mi razón de sonreir.
domingo, 11 de marzo de 2012
No me entienden?
Me pone increíblemente molesta cuando las personas no entienden lo que digo. No hablo en chino, ni ruso, ni húngaro, ni esperanto. Uso palabras simples, oraciones cortas, ideas sencillas. Digo lo que quiero decir y espero que el resto me entienda, pero no ocurre. No sé si no me entienden por mi manera de expresarme o porque no comprenden que pueda estar diciendo lo que digo. O porque quizás su forma de ser lo impide. Normalmente, la forma de ser de uno, repercute en todo su alrededor: en su manera de llevarse con la gente, su forma de entender las cosas, su forma de resolver los obstáculos, de mirar los problemas, de hacer las cosas.
Practicamente nadie me entiende... será que nunca encontré a alguien que sea parecido a mí? No me creo especial, pero la verdad es que a veces me gustaría poder ser como el resto. O mejor, encontrar alguien que comparta mi forma de ver el mundo.
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