lunes, 30 de julio de 2012

El mundo del revés

Hace un tiempo atrás, en un mundo lejano, había un pueblito llamado Maherén. En ese pequeño pueblito, vivían Jeherán, un hombre bondadoso y comprensivo, humilde y preocupado por los demás; y Sahamir, quien era la autoridad, era egoísta, y hacía las leyes a su antojo.
El pueblo cansado de vivir bajo las órdenes incoherentes de Sahamir, un día se dirigió a Jeherán y le pidió que hablara con él, para intentar que entrara en razón, ya que él era admirado en Maherén por su forma de ser. Jeherán aceptó y allí fue, en busca de una vida más digna para él, su familia, y el pueblo que lo vio crecer. Luego de muchas horas de charla (y muchas protestas de Sahamir), se dio por vencido, era imposible cambiar la opinión que tan arraigada estaba en aquel hombre que vivía en un mundo paralelo a la realidad. Ante esto, el pueblo decidió salir a las pequeñas calles de tierra a reclamarle a Sahamir sus derechos. Sahamir hizo oídos sordos a los pedidos desesperados. Ya no sabían qué hacer. Era imposible seguir en esa situación. Todo Maherén se hizo presente y decidió enjuiciar a Sahamir de una forma justa y honorable. Los hechos hablaron, y terminó en la cárcel. Jeherán reinó y, la paz, la hermandad y la bondad, también lo hicieron.
Qué increíble es que haya sucedido en un pequeño pueblito como Maherén, en un mundo y tiempo lejano, y que nosotros no podamos hacer valer nuestros derechos. Y qué increíble que sea tan difícil ser Jeherán en estos tiempos. Decididamente vivimos en el mundo del revés.

jueves, 12 de julio de 2012

El miedo a lo desconocido

Quién no le tiene miedo a lo distinto, a lo raro, a lo nuevo? Quién cuando probó por primera vez una comida no puso cara de asco desde antes de probarla? Por instinto, las cosas nuevas nos suelen asustar. Es más fácil y cómodo quedarnos con lo que conocemos. Estamos tranquilos, sin ningún cambio. Y quién va a decir que no le gusta estár cómodo, o no? Si todo sigue igual en nuestra vida, ya todo sería muy predecible. El asunto es el siguiente: yo creo que mi familia me tiene miedo. Le tiene miedo a ese "desconocido" que vengo a ser yo. Ninguno termina de convencerse con lo que yo quiero hacer de mi vida. Me plantean otras soluciones, otros caminos, pero no me dejan hacer el propio. Por qué? Simplemente porque les dá miedo. No voy a negar que a mí también, pero el hecho es que quiero probar cosas nuevas. Quiero seguir lo que creo que es mi vocación, mi futuro, y mi felicidad. Pero al ser la única con ideas tan revolucionarias, tan voladas, tan artísticas en mi familia, mis papás le tienen miedo. Mis papás, mis abuelos, mis tíos... Todos piensan un futuro para mí que entre en su "conocido", que no los altere, que los deje vivir tranquilos... pero no es lo que quiero yo. No me gusta la vida planeada de colegio - secundario - universidad - trabajo. Ellos están todos acostumbrados a que sea todo más ¿mecánico? no sé exactamente cómo llamarle. Pero yo tengo alma de artista, es así. No hay lugar como el escenario. NO LO HAY. Y no me quieran convencer de lo contrario. Para el resto, es un sueño imposible, una actividad extra, un gustito que me pego los lunes en el San Martín y así va a seguir siendo. Pero yo sigo con la esperanza de que algún día acepten esta desconocida, con alma de artista, cuya vida quiere transcurrir sobre un escenario, y no soñando con él.

jueves, 5 de julio de 2012

Peter Pan, mi muela

Para los que me conocen ya sabrán de la historia, para los que no, les hago un breve resumen: Febrero. Muela. Costado. Mexicano. Ortodoncista. Cirujano. Ortodoncista. Futuros aparatos. Bueno, quizás un poco menos breve. En febrero se me asomó tímidamente la puntita de una muela que cuya precesora no me había abandonado. Pasaron los meses, y creció y creció, y ahora tengo una muela de costado y la de leche. Ahora me la van a tener que sacar, ponerme aparatos... Eso es lo importante de la historia, el resto (para ustedes) es irrelevante.
El asunto es ese, que mi muela de leche no me había abandonado. Las muelas de leche, como todos los otros dientes de leche, son una pequeña forma de decir que somos chiquitos. Pero yo tengo 18 años, no? Pero justamente ahí está lo importante de todo esto. Esa muelita de chiquita, está agarrada cual piedra a mi encía. Van a tenerme que hacer una cirugía para poder extraerla, porque con un dentista común no basta. Y es que según mucha gente, yo soy así. Soy aferrada con la niñez. Mi mamá me dice que no puedo soltarlo, que se nota que no quiero crecer. Un encargado de curso me decía Peter Pan (no hace falta explicar mucho, no?). Pero no sé por qué todos dicen eso. Si hay algo que esperé toda mi vida, fue crecer. Pero quizás a lo que me aferro y no quiero dejar atrás, es que la responsabilidad de las cosas no sea mía. Ni tampoco quiero olvidar mi inocencia. Ni tampoco quiero ser desconfiada. No quiero preocuparme del futuro. No quiero tener que poner los pies en la tierra porque soy soñadora por naturaleza. No quiero tener la parte "fea" de ser grande. Lamentablemente, los adultos guardan sus alas en un baúl junto a sus sueños, agarran las responsabilidad, y salen a ganarse la vida con su trabajo, su tiempo y su esfuerzo. Y es simple, no quiero eso, y creo que nadie más lo quizo, quiere y querrá. Es que para mí, no hay nada más hermoso que volar.