domingo, 26 de agosto de 2012

Mascarita, mascarita

Es algo que nunca entendí, y probablemente nunca entenderé: la gente que te odia, te envidia, le caés mal, y se hace la que no. No sé, se ve que soy muy frontal. O al menos lo aprendí con el tiempo. Una cosa es respetar al otro por el simple hecho de ser una persona. Si lo conocés y te lo cruzás, lo saludás. Hasta ahí todo bien. Ahora, cuando se hacen los simpáticos y te bardean por la espalda, qué pasa?
No sé si tienen la necesidad de sentirse queridas por la persona que odian, de forma que sean "mejores" porque "pobre, se cree mi amiga y la detesto". Ah, mucho sentido. O se creen que te descansan. No sé. 
Si yo no te banco, y vos no me bancás, para qué ser falsa? Hola, te estoy diciendo que me caés mal. Vos y tu actitud. Para qué vas a hacerte la que está todo bien? Dejame con mi vida, no te metas, saludame si me cruzás, respetame como ser humano, pero hacerte la que te caigo bien...? Dejá de simular y aceptá la verdad.

domingo, 19 de agosto de 2012

Mi famoso pelo corto

Hace unas semanas en Sociología, hablábamos de las normas de la sociedad en la que vivimos. También hablamos de las expectativas que tenía la sociedad sobre todos. No personal, si no en general. A lo que la profesora explicó "Nosotras como mujeres, la sociedad espera que tengamos el pelo largo, que seamos finas cuando nos sentemos, tengamos hijos..." y siguió con la lista. En esos primeros dos puntos me detuve yo. Me miré a mí misma. Me miré y me encontré (como siempre) con mi pelo corto por los hombros, sentada en un banquito con una pierna para arriba y la otra debajo de mí. Y así soy yo. Y eso me diferencia del resto. Y hasta me enorgullece. La sociedad esperaba otra cosa de mí. Y no la culpo. Es más, yo misma esperaba otra cosa de mí. La sociedad y yo misma, decepcionadas de mí, qué coincidencia. Es que todos estamos acostumbrados a esas normas que, como explicaba mi profesora, "No las encontramos ajenas a nosotros, sino que desde chiquitos las vamos incorporando naturalmente. Y no nos damos cuenta, y las hacemos nuestras". 
Más allá de que me pareció interesante la clase (por si no quedaba claro), me sentí identificada. Tuve tantos comentarios sobre mi pelo en estos años, que lo viví. Viví eso que el resto espera de mí y no cumplí, y así se me "venía en contra" por ir yo en contra. No, nunca tuve más problemas que ciertas burlas y comentarios sobre mi pelo, las hipótesis que despertaba mi corte y demás pequeñeces. Que por más pequeñeces que sean, me molestan. Pero esa clase me hizo entender un poco más la reacción de la mayoría de las personas. 
Yo voy a seguir, con mi pelo corto como me gusta, por varios años más probablemente. Sobre todo por la sensación de llevar la contra que me trae satisfacción.
Ah, y para que sepan, mi profesora de Sociología tiene el pelo más corto que yo.

sábado, 4 de agosto de 2012

Sapo de otro pozo

Me parece que mi función en esta vida es sentirme siempre sapo de otro pozo. Esté donde esté. Sea haciendo mi pasión o una obligación. Continuamente me siento fuera de lugar, excluída, diferente. 
Yo pensaba que iba a ser sólo en el primario. Cuando uno es tan chico, no suele tener tan formada su personalidad (cosa que yo sí, y nunca supe por qué), y es entendible notar esa diferencia. Para el secundario, me cambié de colegio, a estudiar algo que yo quería y creí que al compartir ese gusto, me sentiría un poco mejor. Y de nuevo no me hallaba con la gente que me rodeaba. Pensé que una vez que saliera de ahí, y estudiara teatro, diseño, catequesis... iba a sentirme entre los míos. Pero tampoco. Hasta terminé abandonando catequesis porque me sentía, más que sapo de otro pozo, pez dentro de un pozo.
Y simplemente siento que mi vida se basa en eso. Una molesta sucesión de intentos de sentirme cómoda en un lugar donde no encajo, ni nunca lo voy a hacer. Me tendré que hacer mi propio pozo, donde me sienta en mi lugar. O quizás tendré que dejar los pozos y hacerme un nido. Siempre me gustó más volar.