Para los que me conocen ya sabrán de la historia, para los que no, les hago un breve resumen: Febrero. Muela. Costado. Mexicano. Ortodoncista. Cirujano. Ortodoncista. Futuros aparatos. Bueno, quizás un poco menos breve. En febrero se me asomó tímidamente la puntita de una muela que cuya precesora no me había abandonado. Pasaron los meses, y creció y creció, y ahora tengo una muela de costado y la de leche. Ahora me la van a tener que sacar, ponerme aparatos... Eso es lo importante de la historia, el resto (para ustedes) es irrelevante.
El asunto es ese, que mi muela de leche no me había abandonado. Las muelas de leche, como todos los otros dientes de leche, son una pequeña forma de decir que somos chiquitos. Pero yo tengo 18 años, no? Pero justamente ahí está lo importante de todo esto. Esa muelita de chiquita, está agarrada cual piedra a mi encía. Van a tenerme que hacer una cirugía para poder extraerla, porque con un dentista común no basta. Y es que según mucha gente, yo soy así. Soy aferrada con la niñez. Mi mamá me dice que no puedo soltarlo, que se nota que no quiero crecer. Un encargado de curso me decía Peter Pan (no hace falta explicar mucho, no?). Pero no sé por qué todos dicen eso. Si hay algo que esperé toda mi vida, fue crecer. Pero quizás a lo que me aferro y no quiero dejar atrás, es que la responsabilidad de las cosas no sea mía. Ni tampoco quiero olvidar mi inocencia. Ni tampoco quiero ser desconfiada. No quiero preocuparme del futuro. No quiero tener que poner los pies en la tierra porque soy soñadora por naturaleza. No quiero tener la parte "fea" de ser grande. Lamentablemente, los adultos guardan sus alas en un baúl junto a sus sueños, agarran las responsabilidad, y salen a ganarse la vida con su trabajo, su tiempo y su esfuerzo. Y es simple, no quiero eso, y creo que nadie más lo quizo, quiere y querrá. Es que para mí, no hay nada más hermoso que volar.
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