Muchas veces creemos que cuando alguien nos cuenta algo, algún problema, alguna situación que no esté resultando, tenemos que darle un consejo. Los consejos no se dan a tontas ni a locas, no se dan porque me pasó algo parecido y ahora "sé" lo que hay que hacer, no se dan porque el otro abrió la boca para contar lo que le pasa. Se dan cuando se piden. Es algo que yo lo tengo bien sabido, muchas veces cuento las cosas porque necesito descargarme, no porque quiero que me digan lo que tengo que hacer.
No escribo esto porque me harté de que me den consejos sin pedirlo, sino por lo contrario. Di un consejo que no me pidieron y estoy extremadamente arrepentida. No paro de pensar en eso. Me siento muy culpable. Yo misma sé lo molesto que es que te den consejos sin pedirlos, y lo hago.
No hay que dar consejos sin que te lo pidan, es así de claro, así de sencillo. Hay veces que sólo se necesita ser escuchado, abrazado, o con una simple mirada se siente mejor. Mi último consejo no pedido va a ser: no den consejos no pedidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario