miércoles, 14 de marzo de 2012

El hombre ideal

Hace una semana, hablando con una amiga, llegamos a un tema muy típico entre mujeres: el hombre ideal. Me empezó a describir cómo sería su chico perfecto, su forma de ser, de pensar, su físico, su familia, sus gustos...
Ese es nuestro mayor error. Las mujeres solemos hacer una lista interminable de cualidades que debe tener con quien salgamos, descartando una mínima oportunidad a uno que es morocho cuando nuestro ideal es rubio, uno que juegue al tenis en vez del rugby, y tantos etcéteras. No voy a decir que hay que probar con el que venga, no. Y tampoco voy a decir que nunca hice una lista, porque sería una mentira (bastante grande). De chiquita, no me entraba en la cabeza que a otras les podía parecer lindo un chico que no fuese rubio. Los chicos lindos eran rubios, para mí, por ley. Tenía que irle mal en el colegio, ser un "rebelde" (o lo que era rebelde a esa edad), jugar bien al fútbol, no ser de River (para que hubiese "pica") y un montón de cosas más. Con el paso del tiempo, ese ideal, esas características básicas, se fueron modificando. Algunas, no todas. En realidad creo que lo único que cambió es que me dejaron de gustar los rubios, y me interesaron los morochos... Bueno, ese no es el punto. El punto es que tenía mi ideal pensado, el chico perfecto, el hombre de mis sueños. Nosotras pensamos que es perfecto, que necesitamos eso, pero no es así. 
Hace unos meses que estoy de novia, con un chico que creo que el único requisito de esa lista que cumple, es ser morocho. Y eso es todo. Pensé muchas veces como sería "mi novio perfecto" pero no era para nada como yo creía. Una cree que sabe lo que quiere, hace su listita, pero cuando llega esa persona perfecta, la lista se rompe, las cualidades se olvidan y lo único que queda es la magia de verlo a los ojos, de estar con él, de sentir que todo es mejor a su lado. Por esas listitas, muchas dejan pasar grandes personas, porque quizás no encajaba con su ideal, cuando su ideal es quien tienen frente a ellas. Yo agradezco haberla dejado de lado y por ello haber encontrado a quien hoy es mi razón de sonreir.

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